Hay un momento en que casi todo padre o madre recibe la pregunta: ¿podrías echar una mano en el club? Puede ser un turno en el bar, un traslado, un día de montaje o simplemente traer algo de comer. Es fácil decir que sí por compromiso y arrepentirse luego. Conviene pensarlo con calma.
Ayudar con cabeza
Antes de contestar, pregunta con exactitud qué se necesita, cuánto tiempo hará falta y con qué frecuencia. Una petición concreta es más fácil de valorar que una vaga. Consulta el calendario familiar y piensa en qué otras cosas tienes esa semana. No hace falta responder al instante: puedes decir que lo miras y contestas en un día.
Piensa en qué te sale más natural. A algunas personas les gusta organizar, a otras conducir, a otras cocinar o estar en la puerta recibiendo a la gente. Elegir una tarea que te resulte agradable hace que ayudar no pese. Si no puedes comprometerte con mucho, ofrece algo pequeño: prestar una mesa, llevar una bandeja o encargarte de un solo día.
Habla con tu hijo. Muchos niños se sienten orgullosos de ver a sus padres en su club, y otros prefieren un poco de distancia. Pregúntale qué le parece y respeta su respuesta en lo posible. Si ayudas, hazlo con alegría y sin sobrepasar tu papel: el entrenador o el monitor conoce su trabajo, y tu ayuda es un apoyo.
También está bien decir que no. Nadie puede ayudar siempre, y un no dicho con amabilidad no ofende a nadie. Puedes proponer otra fecha o sugerir a otra persona. Si vas a ayudar, apunta el compromiso en el calendario, recuérdalo el día anterior y comparte la tarea con otra familia si es posible.
Así la ayuda es un placer y no una carga, y el club sigue funcionando gracias a todos. Además, ayudar te permite conocer a otras familias y ver de cerca cómo es el día a día de la actividad que tanto le gusta a tu hijo.